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martes, diciembre 26, 2006
He de confesar que tenìa años, que no me sentìa tan bien ni tan feliz; y es que los dos ùltimos habìan sido algo díficiles, tristes y con muchas pruebas y obstàculos. Me da gusto que hayan sido asì, porque aprendì mucho y he comprendido que debia pasar por todo eso para llegar aquì. En esos momentos de tristeza y angustìa, llegue a pensar que no volverìa a sonreìr como antes solìa hacerlo.
El primer momento clave de este año fue la oportunidad de cambiarme de escuela, lo mejor de todo es que la buena nueva me la diò un buen amigo, de no ser por èl no estarìa ahì. Ese fue el comienzo de una serie de cambios en mi vida. El siguiente fue terminar con una situaciòn que me estaba lastimando y acarreaba màs lìos. No fue nada sencillo, pero el haber tomado la desiciòn y permanecer firme me ayudo a ver la fortaleza que poseo. Luego vino una prueba màs, y aunque no logre salir airosa de ella, aprendì mucho sobre la amistad y mis defectos. Entre tanto, conocì a unas personas maravillosas que hoy son importantes para mì, pues aunque es corto el tiempo de conocernos hemos forjado una buena amistad.
El siguente punto clave fue reencontrarme con Dios y esa espiritualidad que habìa descuidado y dejado a un lado. Poco a poco, toda mi vida se fue reacomodando y con ello nuevas oportunidades y buenos momentos fueron llegando. Pasó el tiempo y otra prueba se presentò, la cual fallè irremediablemente. Eso trajo consigo una que otra làgrima y melancolìa. La buena noticia es que por todo lo ya aprendido, la situaciòn dejò de afectarme y mejorò pues otra vez saliò a relucir la fortaleza que a veces olvido que està ahì. Y bueno tambièn me ayudò mucho que mis amigos estuvieran ahì, apoyandome y animandome, asì como tambièn el recordar que nunca estoy sola y que todo tiene una razòn de ser.
Apesar de todas las pruebas, por fin habìa regresado la sonrisa y la desbordante alegrìa a mi vida. Y comprendì que lo que pasè debìo suceder para aprender de ello, y esa lecciòn compartirla con alguien màs, y asì evitar que mis errores y caìdas le sucedan alguien màs. Es increìble como en el momento que te suceden las cosas, no entiendes el porque y quieres hacer algo al respecto; pero pasa el tiempo y entiendes perfectamente el porque fue asì.
Realmente ha sido un año lleno de sorpresas, nuevas amistades, grandes retos y lecciones, y alegrìas. Y bueno para cerrar con broche de oro: el cariño de todos mis seres queridos. No me resta màs que agradecer a Dios por este excelente año, esperando que el pròximo que parece ser un poco dìficil, estè lleno de buenos momentos y alegrias. Espero de todo corazòn que el año entrante les traiga todo lo que anhelan, salud, trabajo, amor.
jueves, noviembre 23, 2006
Hola a todos! Espero que les guste este video de Jo Sung Mo, la canción se llama Mr. Flower, esta medio tristón pero bonito . No sé porque pero cada que veo un video coreano es como ver una pequeña pelìcula, y la mayorìa tienen mensajes de amor y una historia que te hace sentir un nudo en la garganta y una lagrìma sale del corazòn. También les compartirè un poema que me encanta de Manuel Acuña. Se llama Nocturno a Rosario. Este fue el último poema que escribiò, quien despuès de recitarlo se suicidó; pues su amada Rosario se habìa casado con alguìen màs, triste historia, excelente poema. Las locuras que cometemos por amor, todo sea por disfrutar de aquella alegrìa que nos desborda el corazòn, ilumina nuestro mirar, encamina nuestros sueños e ideales y que buscamos incansablemente. Somos felices con ver sonreir al ser amado. Bueno sin más preámbulos aquí está el poema.
¡Pues bien! yo necesito decirte que te adoro
decirte que te quiero con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombrede mi última ilusión.
II
Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días estoy enfermo
y pálido de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no se ni dónde
se alzaba el porvenir.
III
De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornadalas formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer.
IV
Comprendo que tus besos jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojosno me he de ver jamás,
y te amo y en mis locosy ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos te quiero mucho más.
V
A veces pienso en darte mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdosy hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Que quieres tu que yo haga, pedazo de mi vida?
¿Que quieres tu que yo hagacon este corazón?
VI
Y luego que ya estaba concluido tu santuario,
tu lámpara encendida, tu velo en el altar;
el sol de la mañana detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos la puerta del hogar...
VII
¡Que hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siemprey amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros mi madre como un Dios!
VIII
¡Figúrate que hermosas las horas de esa vida!
Que dulce y bello el viaje por una tierra así!
Y yo soñaba en eso, mi santa prometida;
y al delirar en ellocon alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno por ti, no mas por ti.
IX
!Bien sabe Dios que ese era mi mas hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza, mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!
X
Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,¡
Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,mi juventud, adiós!
sábado, septiembre 30, 2006
Hola a todos el siguiente es un cuento que escribí hace poco. Espero que les guste.
Tan sólo un instante
¿Qué hubiera pasado si yo…?
Si pudiera regresar el tiempo y borrar ese instante; tan sólo cambiar mi destino, pero es imposible… Si nos hubiéramos conocido un poco antes, todo hubiera sido diferente…
Recuerdo bien aquella tarde, era otoño; las hojas de los árboles caían sin cesar convirtiendo las calles en una avenida dorada. Tras un arduo día de trabajo, me encontraba recorriendo el parque central; un buen paseo es el remedio para encontrar un poco de paz en esta agitada ciudad. Me estremecía al escuchar el crujido de las hojas bajo mis pies, las risas de los niños jugando sin cesar, el trinar de las aves entonando una hermosa melodía y ver a las parejas derramar miel.
Fui directo a mi lugar favorito, aquella banca situada justo frente a la fuente; en donde el tiempo parece no existir; pues un minuto se convierte en eternidad. ¿Alguna vez te has detenido un momento a admirar lo que hay a tu alrededor? Es increíble que algo tan simple como una puesta de Sol que ocurre día a día, se convierta en algo mágico. Y eso era lo que necesitaba, encontrar nuevamente la magia e imaginar tan sólo por un instante que mi vida no ha sido un desperdicio. Suena bastante cruel ¿no?, pero es la verdad; no puedo decir que he vivido siempre en la desgracia pero tampoco puedo admitir que he sido completamente feliz…
Desde niño tuve una vida diferente a la de los demás, mi papá siempre estaba de viaje, mi madre trabajando porque no quería estar en casa pues lo extrañaba demasiado, y yo me quedaba solo. Mi compañía era la imaginación y mi perro Manchas. Era feliz anhelando que cuando mi papá regresara de viaje, ya no se iría más de mi lado y mi mamá podría dejar de trabajar y juntos ser una familia, platicar, jugar y reír. Pero en uno de los tantos viajes de mi papá, ocurrió un terrible accidente y falleció. Mi mamá estaba devastada; se la pasaba llorando y al poco tiempo enfermó. Aunque la revisaron muchos doctores, no pudieron encontrar cura alguna para su enfermedad, y a los 3 meses murió. Así me quede solo, bueno me enviaron con mi abuela; pero no puedes pedirle a una mujer de 72 años, quien posee falta de memoria a corto plazo, crié a un niño de 8 años adecuadamente. Más bien era yo quien cuidaba de ella, bueno entre los dos nos hacíamos compañía.
Mi abuelo había fallecido unos años antes y desde entonces ella no era la misma. Siempre hablaba de él, y creía verlo todas las noches sentado en su sofá leyendo el periódico y fumando su puro. Cada que pasaba eso la tomaba de la mano y la abrazaba y le decía que él no estaba ahí, pero como insistía y hasta se ponía a hablar con él. Sólo viví con ella 8 años. A mis 16 años, ya me creía lo suficientemente hombre para poder seguir con las riendas de mi vida, así que uno de mis tíos financió parte de mis estudios. Lo restante dependía de mí, y así fue como empecé a trabajar por las tardes en una pequeña tienda de abarrotes. Lograba conseguir lo suficiente para completar la cuota mensual para la escuela y además me sobraba un poco para comprarme alguna cosa que yo quisiera. Cuando cumplí 18 y mi tío dejó de apoyarme, pues su economía ya no se lo permitía; así que tenía que tomar una decisión: trabajar el doble y encontrar una buena universidad, o trabajar de lleno.No fue sencillo, tenía que trabajar mucho para poder estudiar. Todas las mañanas iba a una fábrica productora de autos hasta las 5 de la tarde y de ahí a la escuela. Después de mucho esfuerzo logré conseguir mi titulo como abogado.Desde entonces puse mi oficina; al principio me era sencillo ayudar a los más desamparados y aquellos que buscaban justicia. Con el tiempo esa pasión se fue esfumando, pues la gente me buscaba para ayudarlos a salir de apuros graves que ellos mismos habían provocado. Me pagaron muy bien por esos casos; pero una parte de mi se fue muriendo, ya sólo ayudaba a aquellos que podían alcanzar a pagar mis altos honorarios, aunque mi cliente fuera culpable lograba que saliera sin cargo alguno. Así me convertí en uno de los mejores abogados de la cuidad, pero también el más miserable.
La gente que me rodea no puedo considerarla mi amiga, siempre tengo que andar cuidándome la espalda, vivo en un mundo lleno de hipocresía y mentiras. Pero ya no puedo más; hoy fue el día en que aquella poca honestidad, moral o rectitud que quedaba en mí, surgía nuevamente. Me negué a defender a un criminal, que había cometido una serie de delitos graves, entre ellos: un homicidio. Lo malo es que posee demasiadas influencias, y es prácticamente luchar contra todo un sistema corrupto. Para complicar aun más las cosas, me visitó también la persona que ha levantado la denuncia en contra de él. También me negué, me dijo que no podía pagarme la suma a la que estaba acostumbrado y me rogaba que luchara por una causa justa, pues todos sabían lo corrupto que era este tipo y no quería que más sangre inocente se derramara. Fueron muchas las suplicas y aun así no pude decirle que sí, pero tampoco pude rectificarle el no. Salí de la oficina, y corrí hasta aquí para poder despejar mi mente un poco.
Intento encontrar aquel momento en donde cambie mi moral por unos billetes que tanta falta me hacían. ¿Dónde deje aquellas ilusiones de ser el mejor abogado que defendía a aquellos que sufrían las injusticias? Me siento tan mal conmigo mismo, y es que recuerdo aquellos ojos suplicantes, las lágrimas rodando por las mejillas de esa mujer. Y mi frialdad y egoísmo, todo por no querer acarrarme problemas. ¿Cuándo fue que me convertí en este ser frívolo y manipulador?
Mientras en mi mente rodeaban todas estas preguntas, apareció ella. Justo ahí sentada a la orilla de la fuente, haciendo olas con su mano. Era tan bella, parecía que había salido de un cuento de hadas. Ese vestido de flores la hacía ver tan hermosa, el viento revolvía su cabello y dejaba mostrar esa cara angelical. Mi mente quedó en blanco y sólo podía admirarla, sentí el impulso de ir hacia ella; pero no me atrevía, como alguien tan maravillosa podía hacerle caso a un patán como yo. Me quede inmóvil, sólo la veía sonreír; quería detener ese instante y que perdurara por siempre. Tenía que conocerla, saber el nombre de ese ángel, que me estaba haciendo sentir, por primera vez en mucho tiempo, que tal vez podría ser feliz.
Había algo en ella que me atraía, no sé si eran sus ojos color miel que contrastaban con su cabello o esa mirada soñadora que reflejaba fe, paz y amor. Sus labios eran rojo carmesí, parecían tan dulces e imaginaba su sabor y más deseaba probarlos. Encontrar a alguien así no pasa dos veces en la vida, así que me arme de valor y fui a hacia donde estaba ella, prefería ser rechazado a nunca haberlo intentado. La salude, y simplemente me sonrió y me pidió que me sentara a su lado. Me quedé helado, esperaba que me mandara lejos, me bofeteara o simplemente ignorara. Empezamos a platicar, ella reía sin parar de mis bromas; hablamos de música, comida, películas, ideologías y una que otra tontería. No podía creer que pudieramos tener tanto en común. La tarde se terminaba, el sol se escondía tras nuestras espaldas, la luz anaranjada iluminaba su rostro y yo le pedía a Dios que me diera un poco más de tiempo, no quería apartarme de su lado. Por fin me sentía feliz y tranquilo, sabía que podía luchar contra el mundo entero, ahora que había encontrado el motivo para regresar nuevamente a ser como aquel muchacho que creía la justicia y la verdad no eran algo que se podía comprar.
Parecía un sueño verla ahí junto a mí, jugando con su cabello y sonriéndome; en el firmamento apareció la primera estrella, ella me dijo que pidiera un deseo: y solamente quería volver a verla. La convencí de que también pidiera un deseo, ambos cerramos los ojos. Después de unos instantes, le pedí que me susurrara al oído su deseo. Se negó, diciéndome que si me decía su deseo no se haría realidad, pues quería verme nuevamente. Sonreí, no lo podía creer, sin esperar un minuto más la invité a salir. Nos veríamos nuevamente aquí al día siguiente. Nos despedimos y me dio un tierno beso en la mejilla.
Caminé de regreso a casa, saltando como un loco. Estaba feliz, no podía creer mi suerte. Después de un día tan malo, había ocurrido algo maravilloso. Estaba bailando a mitad de la calle, pensando que volvería a verla, y tal vez algún día podría bailar con ella, y tenerla entre mis brazos, y besar tiernamente sus dulces labios…
Escucho el sonido de la ambulancia, el murmullo de la gente; no puedo sentir mis piernas, no puedo moverme. ¿Qué me sucedió? Lo único que puedo recordar son aquellos ojos soñadores. Me duele la cabeza, me siento mareado.
Creo que no podré verla mañana, si tan sólo me hubiera fijado al cruzar la calle. No, esto no me puede estar pasando, tengo que verla de nuevo. Mañana tengo que llegar a la oficina y llamar a aquella mujer y aceptar su caso y por la tarde recorrer la ciudad al lado de aquel ángel que había conocido en el parque. Los médicos dicen que no tengo remedio, que dentro de poco falleceré. Dios por favor, no lo permitas; dame un soplo más de vida, déjame mirarla nuevamente. ¿Por qué la enviaste ahora, justo hoy cuando piensas llamarme a tu presencia? Aún tengo mucho que hacer aquí, no me lleves; dame aunque sea un día más. Un día que pueda pasar a su lado y recordarlo, quiero besarla y llevarme el sabor de esos labios carmín. Siento que mi vida se esta apagando poco a poco, ¿Por qué encuentro la dicha antes de partir? Me iré sabiendo que pude haber hecho más, pude haber tomado el caso y seguramente no la hubiera conocido. Maldita sea, quisiera regresar al instante antes del accidente, quisiera no estar postrado en esta camilla, esperando a que los médicos me den por muerto.
martes, agosto 29, 2006

Lo verdaderamente importante...
En nuestras agitadas y aceleradas vidas, siempre tenemos algo que hacer pero poco tiempo para realizarlo. Dejamos a un lado lo importante para resolver lo urgente. El lema de la sociedad pareciera ser "Ahorrar tiempo". ¿Y de qué sirve si por correr o hacer todo más rápido no disfrutamos el tiempo vivido? ¿Cuantas personas no se estresan, o se vuelven histericas, o peor aun se amargan la existencia? Lo màs triste es que los màs afectados son los niños; ambos padres trabajan y casi no tienen tiempo para jugar y verlos crecer. He de confesar que estas vacaciones me sirvieron para darme cuenta que lo ùnico que nos llevaremos cuando moriremos seràn los recuerdos. No sirve de nada acumular bienes materiales, son necesarios pero no nos haràn tan felices como lo es compartir tiempo con nuestros seres queridos. Un par de minutos, una sonrisa, una plàtica; pueden ser la diferencia. Es curioso, pero un hola con una gran sonrisa, pueden hacer que una persona que tal vez estaba triste o preocupada se olvide un momento de eso y sonria tambien :D. ¿Porquè esperar a que pase alguna desgracia o que ocurra el dicho " nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde"; para darnos cuenta de que tenemos todo para ser felices? ¿Porquè pensar en el "Si yo hubiera..", si hoy estamos aquì y podemos hacer las cosas que deseamos de corazòn? La verdadera felicidad está en encontrarle la sazón a los buenos y malos momentos, aprender cada día algo nuevo; reirnos de nosotros mismos y no tomarnos todo tan enserio de vez en cuando. Decir lo que sentimos a aquellas personas que son tan especiales e importantes para nosotros y pensar que nada es imposible, siempre y cuando enfoquemos todo nuestro esfuerzo en alcanzar aquello que tanto anhelamos.

viernes, agosto 11, 2006

Hola a todos! Gracias por visitar mi nuevo blog, les compartiré un bello poema y un video muy lindo que encontre hace poco. Espero que les guste.
Esta tarde
Alfonsina Storni
Ahora quiero amar algo lejano...
Algún hombre divino
Que sea como un ave por lo dulce,
Que haya habido mujeres infinitas
Y sepa de otras tierras, y florezca
La palabra en sus labios, perfumada:
Suerte de selva virgen bajo el viento...
Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
Blanda y tranquila como espeso musgo,
Tiembla mi boca y mis dedos finos,
Se deshacen mis trenzas poco a poco.
Siento un vago rumor... Toda la tierra
Está cantando dulcemente... Lejos
Los bosques se han cargado de corolas,
Desbordan los arroyos de sus cauces
Y las aguas se filtran en la tierra
Así como mis ojos en los ojos
Que estoy sonañdo embelesada...
Pero
Ya está bajando el sol de los montes,
Las aves se acurrucan en sus nidos,
La tarde ha de morir y él está lejos...
Lejos como este sol que para nunca
Se marcha y me abandona, con las manos
Hundidas en las trenzas, con la boca
Húmeda y temblorosa, con el alma
Sutilizada, ardida en la esperanza
De este amor infinito que me vuelve
Dulce y hermosa...
domingo, agosto 06, 2006
El Cuarto Mago de Oriente
Podemos imaginarnos a Artabán (que así se llamaría el cuarto Rey) en el vigor sereno de la treintena, aplacados ya los ímpetus juveniles, cuando descubre, entre el alfabeto vertiginoso de la noche, la estrella que anuncia al Mesías. Artabán es cetrino de piel, de rasgos ávidos y ojos muy oscuros, calcinados en el escrutinio celeste. Sobrevive en las soledades del monte Usiíta, donde se dedica a desentrañar los oráculos de Zoroastro que pregonaban el advenimiento de un Socorredor que “hará la existencia radiante, sin envejecimiento, inmortal, incorruptible, inmarcesible, eternamente próspera” (Himno Zamyad Yasht 19,89-93). Artabán ya se dispone a seguir el itinerario de la estrella cuando, hasta la falda del monte Ushita, llegan emisarios de Melchor, Gaspar y Baltasar, sus amigos babilonios, citándolo en Borsippa, la ciudad sagrada del dios Nabu, en cuyo honor los antiguos habían erigido un zigurat de siete pisos, demolido por la insania de los medos. Antes de partir a Borsippa, Artabán elige cuidadosamente las ofrendas que depositará a los pies del Socorredor: un diamante de la isla de Méroe, que repele los golpes del hierro y neutraliza los venenos; un pedazo de jaspe de Chipre, amuleto que infunde el don de la oratoria; y un rubí de las Sirtes, cuyo fulgor disipa las tinieblas del espíritu. Artabán espolea su caballo, sin dejarlo abrevar en las afiladas aguas del Éufrates, y cabalga sin descanso hasta que, a las afueras de Borsippa, se tropieza con un hombre agonizante y desnudo. Se trata de un comerciante que ha sido desvalijado por unos ladrones y después vapuleado hasta la extenuación. Artabán lava con vino sus heridas y entablilla sus huesos tronzados. Cuando, horas más tarde, el viajero recupere la consciencia y confiese que los ladrones lo han desposeído de todos sus caudales, Artabán se apiadará de él y le regalará el diamante de Méroe que reservaba para el Socorredor.
